lunes, 14 de noviembre de 2016

BIBLIOGRAFÏA

ASMUC. Asociación de Mujeres Ngäbe Buglé. “Nuestra Comarca”. [En red]. Disponible en http://asmung.org/inicio/index.php?option=com.

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Valenciano, Jorge. (2008). “La actividad cafetalera en Los Santos: diagnóstico para un análisis de los medios de vida en la agro cadena”. Heredia: UNA-CINPE.

limitaciones de la población Femenina migrante

se puede establecerse la presencia de problemas agobiantes que afectan a la población femenina de manera particular:
• La imposibilidad de obtener paga directa por su trabajo.
• La Vulnerabilidad ante diversas formas de violencia, incluso sexual, en el ámbito de trabajo.
• La subordinación frente a figuras masculinas del entorno de trabajo y de su propio contexto grupal.
• Sujeción a la presencia masculina en las situaciones públicas.


Otra problemática que enfrentan las mujeres Ngäbe y Buglé se relaciona con su creciente presencia en centros urbanos, en donde algunas de ellas son “empujadas” a la práctica de la mendicidad, situación evidente no solo en las localidades donde más se concentran, sino también en algunas ciudades del Gran Área Metropolitana.

La situación de la niñez

Entre las condiciones laborales se concatenan circunstancias que empeoran las condiciones de vida de los niños y las niñas Ngäbe  y Buglé, que acompañan a sus padres en la travesía de la recolección de café. Desde que los infantes salen con sus padres del territorio comarcal, se presentan diversas circunstancias que pueden redundar en el riesgo de su salud y sus derechos ya que, durante el viaje, muchos de ellos y ellas deben soportar hambre o factores ambientales adversos.

Funcionario del Ministerio de Salud del puesto Centinela, en Río Sereno, cuentan que ellos propusieron disponer permanentemente de algunos bocadillos como galletas, pan, café y refrescos para los viajeros, pues tanto niños como adultos pasan días sin comer ni beber nada.

Otro agravante es el clima, por cuanto en el territorio comarcal este es más cálido que en las zonas productoras de café en Panamá y en Costa Rica; por ejemplo, en el puesto fronterizo en Río Sereno, el frío amenaza con fuerza principalmente en las noches y cuando un grupo llega tarde a la oficina de migración y esta se encuentra cerrada, deben pasar la noche a la intemperie.

Es preciso considerar que entre estos grupos hay niños y niñas sin ropa caliente que los abrigue y los proteja del frío. El viaje para llegar a las plantaciones de café suele acompañarse del riesgo de enfermedades y otros padecimientos; los niños y las niñas siguen a sus familiares, pero no tienen mayor seguridad ni protección, el riesgo de que los infantes contraigan enfermedades es alto, entre otras razones por la carencia de un carné de vacunas, lo que obliga a ser  vacunados en los lugares de destino, lo cual deja en evidencia que no hay un control de los medicamentos que se le aplican a una persona, menos si se trata de niños y niñas; tampoco se aplica un intercambio de información entre instituciones de salud de los dos países.

En otro aspecto, a pesar de que el  Convenio 138 de la OIT, de 1973, conocido como convenio sobre la edad mínima, establece los 15 años como edad mínima; no obstante, el artículo 71 señala la posibilidad de que se pueda autorizar el trabajo de personas entre los 13 y los 15 años, siempre y cuando estos sean trabajos ligeros, que no afecten la salud ni el desarrollo de los niños y no les impida la asistencia a la escuela o a programas de enseñanza.

Pese a ello, la presencia de los niños indígenas en la recolección de café es evidente y demostrable, pues la recolección del grano no es una actividad que les resulte ajena; ellos y ellas realizan con destreza esa actividad, porque pueden recoger el café que está en las plantas más pequeñas y el que está en el suelo, tareas que implican un esfuerzo mayor para los adultos. Particularmente, la presencia de niños trabajando deviene en potenciales situaciones de riesgo: han abandonado sus estudios escolares para realizar el viaje a territorio costarricense, están sometidos a labores a la intemperie, desprovistos de protección y vigilancia adecuada y a una edad muy prematura (aproximadamente desde 5 a 11 años de edad).


En fin, los niños y las niñas Ngäbe  y Buglé forman parte de la fuerza de trabajo familiar y, aunque su aporte pueda ser considerado menor, es también significativo en la actividad cafetalera. No obstante, también es claro el descontrol sobre las posibles prácticas de trabajo y empleo de personas menores de 15 años, según lo establece dicho Convenio. Esta situación debería de ser atendida con un enfoque interestatal, interinstitucional y multidimensional, para garantizar que los niños y niñas que incurren en la movilidad con sus familiares, cuenten con la adecuada protección de sus derechos y lugares y mecanismos apropiados para pasar la temporada de cosecha en los sitios de trabajo de sus padres, sin que se atente contra su salud y bienestar.

Papel del Estado

Varios factores que pueden influir sobre el limitado alcance institucional (otros factores tienen que ver con las fronteras socioculturales, la barrera lingüística, entre otros), están relacionados con las condiciones de acceso y la ubicación de los territorios de los Ngäbe Buglé. En territorio panameño, la Comarca Ngäbe Buglé comprende un espacio muy amplio; su topografía está compuesta por una cordillera con pequeñas montañas, muchos ríos y valles.

Estas características dificultan su acceso y también su salida, situación que complica la inscripción, por ejemplo, por los funcionarios del Registro Civil panameño de cada niño cuando  nace, pues habitualmente el nacimiento de los niños acontece en los hogares y las mujeres reciben la atención de otras mujeres o parteras.

El tiempo para recorrer la distancia entre la Comarca y el hospital puede variar entre dos horas y ocho días caminando, dependiendo de su comunidad y, por razones obvias, una mujer embarazada tendrá serias dificultades para salir de su casa e ir hasta el hospital más cercano (hospital de Obaldía, Ciudad de David, o al hospital regional de Changuinola, Bocas del Toro) y así inscribir a sus hijos e hijas como ciudadanos panameños.

Establecer procedimientos para reconocer el estado civil de los indígenas y las indígenas Ngäbe y Buglé ayudaría a mitigar algunos posibles conflictos. Contribuiría al reconocimiento de los hijos de una pareja con los apellidos del padre y de la madre. Este punto es fundamental, ya que, por ejemplo, los hombres son asegurados por las compañías bananeras, pero ni los hijos ni las hijas, y tampoco sus parejas pueden gozar de esa condición de aseguramiento social por la falta de documentos que prueben la relación familiar, en el caso del café es totalmente nulo. Siguiendo la línea de la documentación y el reconocimiento, también se deben considerar las disposiciones administrativas, por diferencias culturales; que puede resultar un obstáculo para la integración de la población Ngäbe y Buglé, como se establece y contempla en el  Convenio Núm. 169 de la OIT

La documentación no tiene el mismo valor para los indígenas Ngäbe y Buglé como para nosotros los “latinos” y, por esta razón muchos prescinden o dan importancia relativa a los mismos. Nuestra cultura les solicita, sin embargo, manejar gran cantidad de papeles: tarjeta de vacunas, cédula de identidad panameña (si es mayor de edad), acta de nacimiento (si es menor de edad y la tiene), salvoconducto (si desea salir de Panamá e ingresar a Costa Rica) o cédula de residencia costarricense si decide establecerse en Costa Rica, la colilla del seguro social (si es asegurado), los libros de control prenatal (cuando están embarazadas) y de información de los bebés, permiso de trabajo (si quiere trabajar en Costa Rica), pasaporte, entre otros. Esos documentos pueden ser necesarios para llevar adecuados registros de los servicios prestados por las instituciones a las personas, pero sin negar la importancia de los procesos de documentación, los Estados deberían adoptar medidas que garanticen que la falta de documentos no se convierta en una fuente para la negación de los derechos y que, adicionalmente, adopten procedimientos que les faciliten a las personas la obtención de su respectiva documentación tomando en cuenta las condiciones sociales, culturales y modos de vida de esta población. Frente a los riesgos señalados se pueden reconocer avances para una acción más afirmativa del Estado costarricense hacia esa población.

Sin embargo, pareciera necesario desarrollar una discusión sobre las acciones que el Estado costarricense debe ejecutar en relación con los trabajadores indígenas temporales, que se movilizan desde el territorio de la comarca y otros en suelo panameño a las fincas de café y banano. Mientras estos permanezcan en Costa Rica, se les puede aplicar el concepto de habitante; no obstante, según el espíritu de la resolución constitucional, a la luz del Convenio Núm. 169, la movilidad constituye un rasgo constitutivo no solo de la cultura de estos pueblos indígenas, sino una práctica actualizada de sus modos de vida.

En el caso de Panamá, también se visualizan algunos posibles desafíos para una correcta ampliación de la justicia a la población indígena. El Estado creó leyes comarcales, entre estas la Ley N.° 10 del 7 de marzo de 1997, en la cual estipula que se debe reconocer la identidad de las culturas indígenas, por lo tanto, su idioma, sus tradiciones, su religión.

Esta ley, en el Artículo 86, menciona la creación de un organismo que vele por el “desarrollo integral” de los indígenas panameños, Si bien hay un precedente sobre el reconocimiento de los derechos territoriales, identitarios, culturales, espirituales, organizacionales, económicos de los indígenas, Panamá no ha ratificado todavía el Convenio Núm. 169 de la OIT.

Es un hecho, aparentemente contradictorio, que el Estado panameño reconozca y otorgue derechos especiales, pero no ratifique un instrumento jurídico internacional que no hace sino elevar a rango de obligación internacional, para profundizar y operativizar efectivamente sus leyes especiales en esta materia y, de esa manera, mostrar el compromiso del Estado con una amplia base de su población autóctona.

Por otra parte, la negativa de Panamá a ratificar dicho convenio significa una dificultad para una actuación binacional más efectiva con Costa Rica, como Estado, hacia cuyo territorio se desplazan anualmente varios miles de indígenas a las actividades de cosecha.

Al estar ratificado solo por Costa Rica, en cierto modo, se crea un vacío que puede operar en detrimento de los derechos de esa población que, asentada en territorio panameño la mayor parte del año, debería ser objeto de protecciones especiales por parte de ese Estado no solo en los momentos en que dicha población permanece en sus lugares de origen, sino también durante el viaje y asentamiento en Costa Rica. Dicho instrumento facilitaría, además, el marco sobre el cual se podrían establecer programas de cooperación binacional de atención a la población indígena transfronteriza.

 La movilidad de estas personas es una variable determinante; mientras que su condición de trabajadores y de trabajadores temporales es otra consideración de que el principio del derecho universal a la salud debe aplicarse tomando en cuenta tales especificidades. De ello hay conciencia en las instituciones de salud desde una década atrás, cuando comenzaron a implementarse acciones con el fin de definir una política nacional en salud para población migrante y para población indígena. Ese esfuerzo se ha continuado en distintas vertientes, pero aún persisten vacíos en la implementación de acciones derivadas de esas políticas.

El Estado costarricense considera, en concordancia con los derechos humanos, que el acceso a la salud debe ser universal y prioritario y, que las instituciones públicas deben favorecer, propiciar y cuidar la salud de toda la población en el territorio nacional, sin distingos de ninguna índole. Aun así conviene tomar nota de algunos hechos que pueden constituir situaciones en las que se vulneran los derechos a la salud de la población indígena móvil. Algunas de esas situaciones no son exclusivas de esta población pero sí comunes a muchas otras, incluso nacidas en el país y/o no indígenas, a otros inmigrantes y otras personas no aseguradas o que padecen condiciones de exclusión. Sin embargo, la importancia de la visibilización de casos que afectan a esta población indígena y móvil, también es necesaria para prevenir y evitar conductas que pudieran estar asociadas a la negación de acceso a los servicios bajo prejuicios culturales y, también, estigmatizaciones étnicas y raciales. Existen deficiencias en la atención en clínicas, Ebais y Hospitales de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) hacia la población ngäbes.

Una de las principales dificultades que enfrentan las personas indígenas que se desplazan a Costa Rica para insertarse en el mercado laboral de ese país, se origina en la condición de “migrantes irregulares”, de conformidad con el marco normativo establecido en el país receptor. Agrava esta situación el hecho de que buena parte de las actividades ocupacionales en las que se emplean estos trabajadores y trabajadoras están dominadas por un conjunto de prácticas laborales altamente informales. En consecuencia, esa combinación entre irregularidad migratoria e informalidad laboral ha operado a lo largo del tiempo como un factor que ha contribuido a un mayor grado de precarización de las condiciones del desplazamiento, del asentamiento o estadía en el territorio receptor y de las condiciones de trabajo de estas personas. Ello se vuelve mucho más complejo dado no solamente la condición étnica de estas personas, sino además debido a las limitaciones relacionadas con la escolaridad, diferencias idiomáticas y, sobre todo, debido a una serie de carencias relacionadas con el acceso y disposición de documentos, además del desconocimiento de los marcos normativos en materia migratoria y laboral, situación que se convierte en un obstáculo para la defensa de sus propios derechos como personas y como migrantes. En ese contexto se debe señalar que la movilidad a través de la frontera se ha realizado, con mayor frecuencia, en condiciones que no le garantizan a la persona trabajadora documentarse debidamente para lograr la suficiente seguridad jurídica y, con ello, tener la garantía de la defensa de sus derechos laborales y el acceso a servicios sociales en el territorio de destino.


Bajo esas condiciones, en el país de origen las personas indígenas solo tenían acceso a lo sumo a disponer de un documento conocido como “Salvoconducto indígena”. Este documento autorizaba a las personas portadoras del mismo a salir del territorio de Panamá para viajar a Costa Rica. Con dicho documento, las autoridades de Migración de Panamá tenían la posibilidad de llevar un registro de la cantidad de personas que salían de su país de forma regular. No obstante, una importante cantidad al parecer persistía en su afán de cruzar por puntos ciegos de la frontera de forma no autorizada.

LA REALIDAD DEL MIGRANTE

Se ha venido aludiendo a diversas situaciones y problemas que corresponden, también directamente, a la dimensión productiva-laboral que afectan las condiciones de trabajo y el disfrute de los derechos laborales por parte de estos trabajadores y trabajadoras. Su análisis deviene con el propósito de indagar los posibles escenarios para una acción más efectiva por parte de las instituciones estatales, involucradas en la gestión laboral, migratoria, social y cultural de la población indígena móvil.

Los indígenas otorgan primacía al hecho de que el trabajo en la recolección de café es mucho más “suave” que el trabajo de peón que, además, se cumple con muy mala o pésima paga. El trabajo en bananeras, aunque en un contexto adverso (dadas la rudeza y los peligros del oficio, situaciones del maltrato a los trabajadores y la intransigencia de los capataces, según el testimonio de los trabajadores), cuenta con la “ventaja” de ser un trabajo remunerado y de contar con el debido emplanillamiento de los trabajadores y trabajadoras en el Seguro Social.

El trabajo del café lo realizan  Hombres, mujeres y niños,  recolectando el fruto maduro de café en una jornada de 8 a 10 horas diarias. No obstante, en el ejercicio de labores cotidianas se presentan situaciones “extremas, pero que son comunes en esos contextos de trabajo”. Estas situaciones límite también llevan a entender que la realidad cotidiana del trabajo para esta población ofrece condiciones muy precarias y de algún nivel de riesgo. Estas circunstancias, en su condición más extrema, pueden ser:

En el café... Los patronos o capataces de finca no brindan las condiciones requeridas para el trabajo de grupos familiares (falta de sitios seguros o guarderías para los niños de muy corta edad).

Los trabajadores están sometidos a accidentes (por picaduras de insectos y de serpientes, por falta de implementos como botas de hule y otros); enfermedades (por falta de servicios sanitarios, acceso a agua potable y otros).

Las condiciones de habitación facilitadas por empleadores son pésimas, precarias y carentes de las condiciones mínimas de la dignidad humana (esto ha mejorado).  Pero desfavorece severamente el descanso, el esparcimiento y la convivencia familiar.

La relación entre trabajadores y empleadores es hostil, sumamente pobre o inexistente; la distancia física se traduce en distancia interpersonal. Usualmente se da la mediación de capataces o administradores y muchas veces no hay espacio de diálogo alguno.

En general, pese a que los trabajadores indígenas tienden a estar comprometidos con sus labores (y que para propósitos de los productores resulta provechoso, dado el buen trato que los indígenas dan a las plantas y a los cultivos), a veces la retribución de su esfuerzo no se traduce en “buen trato”, sino en “mal trato”. Esto probablemente guarda relación con los prejuicios étnicos y raciales contra los indígenas aunque, indudablemente, a veces también tiene visos de evidente irrespeto a los derechos laborales a la luz del artículo 31 del Convenio Núm. 169 de la OIT.




La contratación y el acuerdo laboral
La legislación internacional y el Código de Trabajo establecen que un contrato también puede convenirse por un acuerdo verbal, sin detrimento de su validez. Sin embargo, un sector de los cafetaleros en Costa Rica aduce que los trabajadores cambian los términos de sus acuerdos contractuales a voluntad, en detrimento del pacto original y de los derechos de sus contrapartes.

Aunque también los indígenas señalan que ellos no tienen posibilidades reales de romper el contrato, sobre todo cuando ya vienen enganchados, o cuando están sometidos a métodos de pago que los atan a la finca o dependen de los finqueros para la obtención de albergue. Lo cierto es que subsiste, en la relación laboral en torno al café, una ambigüedad en torno a los extremos reales del acuerdo entre finqueros y trabajadores; su persistencia amenaza la paz en las relaciones de trabajo y tiende a constituirse en un conflicto de mayor calado en las zonas cafetaleras.

En términos relativos, la dimensión laboral en el mercado de trabajo del banano es menos informal que en el caso del café. Algunas características del acuerdo contractual, tanto en el sector cafetalero como en el bananero, son:
• En el café no hay posibilidad de aseguramiento para hombres ni para mujeres.
• Los patronos, en ambos sectores, se reservan el derecho de prescindir de los servicios de los trabajadores a voluntad y sin justificación.
• No hay registro o testigos del acuerdo, en ningún caso, lo cual hace imposible cualquier reclamo por su incumplimiento.
• Se dan despidos, incluso sin el pago por el trabajo realizado. • No hay permisos de trabajo de por medio.
• En el café, generalmente incluye: fijación de precio por cajuela, alojamiento y servicios básicos (agua y corriente eléctrica). Los acuerdos se establecen entre los finqueros y los varones; las mujeres no participan de la negociación ni de la decisión.
• Para “enganchar”, los patronos prometen reparaciones y acondicionamiento de “baches”, pero no siempre se cumplen. Las malas condiciones de la vivienda afectan a todo el grupo de trabajadores, pero sobre todo a las mujeres, quienes se encargan de las diversas tareas del hogar.

En el café, como se mencionó, no hay emplanillamiento; Por ello ni los hombres, ni las mujeres, ni los niños y niñas tienen acceso a los beneficios que derivan de la seguridad social en el trabajo.

Los salarios o precios de las cajuelas y las condiciones de habitación y otras facilidades son inferiores para los indígenas, comparados con lo negociado con “nicas” y “ticos”. Las mujeres no solo no negocian sino que tampoco reciben directamente el pago por el trabajo por ellas cumplido.

En el café se puede trabajar hasta 10 horas diarias; todo sin pago de horas extra. Un aspecto de gran relevancia para el análisis lo constituyen las condiciones de aseguramiento y formalización del trabajo presente en la actividad económica en las que participan los indígenas. Es destacable que, pese a que las ganancias promedio (por meses trabajados) en la recolección cafetalera son superiores a los ingresos promedio en el trabajo bananero, la formalización y el aseguramiento son comunes en el sector bananero, mientras que en el sector cafetalero están, casi por completo, ausentes.

El Código de Trabajo establece que para trabajo en labores agrícolas, la jornada laboral es de 6 horas, que se contabilizan como 8 horas. En el caso de la actividad cafetalera, si bien se supone que no existe una relación laboral clásica, el horario se establece a conveniencia entre el cafetalero y el recolector y tiene topes, al inicio cuando comienza el día pues cuanto más temprano, más se recolecta, lo que conviene a ambos, y al final, la hora de la “medida”, que es el momento en el que el finquero tiene que recoger todo el café recolectado para entregarlo al “recibidor”.


De esa suerte, la jornada puede extenderse como mínimo seis horas y máximo ocho. No obstante, tal jornada no está regulada y el número de horas que se trabaje estaría en función del beneficio económico para el recolector de acuerdo con la cantidad de fruto recolectado, pero en dependencia del tope establecido por el finquero para medírselo y recibírselo fresco. Inclusive de la urgencia del finqueros, según la maduración misma del grano. 

LA RUTA

La movilidad desde la comarca en Panamá se instituye bajo la informalidad; esta puede iniciarse al menos de dos maneras: a través del uso de las redes de apoyo, mediante referencia de algún familiar o conocido que haya viajado a Costa Rica o, a través de los mecanismos de enganche laboral, cuando un “encargado” que también conoce la dinámica, se encarga del trayecto por encomienda de un finquero en Costa Rica, que hace el reclutamiento. En el primer caso, se menciona, por parte de los trabajadores, que alguna persona cercana influye en su determinación por realizar el viaje en busca de oportunidades laborales. En el segundo, la figura del “encargado”, alguien que ya ha vivido la experiencia, y que establece una negociación con los cafetaleros, procura formar un grupo con personas dispuestas a realizar el viaje.

Dependiendo de cuál sea la modalidad del viaje, este puede efectuarse de distintas formas. Cuando es “por referencia”, la travesía puede realizarse en solitario, en pequeños grupos, o en familia  y, generalmente, por medios propios (con recursos económicos limitados, en autobús público).

Cuando hay un “encargado” de por medio, la movilidad puede efectuarse con algún nivel de financiamiento (por parte del cafetalero interesado) y en autobús contratado para llevar a los trabajadores desde la frontera hasta la finca y viceversa. Esta última modalidad podría significar un mayor estado de seguridad durante la travesía y también con relación a la posibilidad de encontrar trabajo, pero no reduce la informalidad.

El viaje individual, si bien existe, no es la forma más frecuente; lo común es llevar a cabo el viaje por parte del grupo familiar o grupos más amplios de una misma localidad. La travesía, cuando acontece desde el territorio comarcal y dependiendo de la comunidad de origen, se inicia con una caminata que puede tardar desde una hora hasta varios días. Esta se cumple hasta algún punto en donde se pueda abordar transporte público o, también, taxi colectivo.

Una de las caminatas más extensas la realizan los comunitarios de Kusapín, territorio peninsular al Este de la Laguna de Chiriquí (con una duración aproximada de 8-9 días). Las mujeres, niños y niñas, también emprenden el viaje en las mismas condiciones que sus pares varones, pero muchas veces expuestas.

También son comunes los casos en los cuales un grupo mayoritariamente familiar incluye personas sin vínculo de parentesco (por ejemplo: amigos, conocidos e, incluso, personas desconocidas que se suman al grupo durante el trayecto).

El primer trayecto del viaje tiene como finalidad arribar a algún centro urbano, para tomar un autobús hacia David o, en su lugar, a Changuinola y, posteriormente, hacia la frontera (para dirigirse a Río Sereno en el Sur o, a Sixaola en el Caribe de Costa Rica, respectivamente).

La mayoría  de  los trabajadores y las trabajadoras del café transitan el cruce fronterizo por Río Sereno y, por tanto, pasan cerca o por los territorios Ngäbe Buglé costarricenses, con los cuales no solo existen vínculos culturales sino también de consanguinidad.

El paso por la frontera costarricense-panameña, presenta algunas características y condiciones que conviene detallar. Lo más notorio es la débil percepción o la “artificialidad” del límite fronterizo para las personas Ngäbes. Eso se puede derivar de la figura de la frontera como algo extraño que puede implicar obligaciones, pero que aun así se considera ajena.

Una dificultad que enfrentan los indígenas en su paso por la frontera es la diferencia de horarios entre los dos países y, en consecuencia, eso a veces afecta a las personas pues al cruzar se pueden encontrar los despachos cerrados y “les toque dormir a la intemperie”, con las consecuentes dificultades para mujeres y personas menores de edad.

Siendo Río Sereno uno de los principales puntos de tránsito limítrofe, se considera que existe buena disposición de los funcionarios para ayudar al paso de los indígenas. Sin embargo, no en todos los lugares ni todos los funcionarios ofrecen ese “trato preferencial”.

Desde la óptica socio laboral, los flujos laborales de la población Ngäbe  y Buglé vienen a satisfacer las necesidades de actividades productivas agroindustriales que progresivamente han requerido de mano de obra que sustituya las “vacantes” dejadas por el “desplazamiento” laboral de población local o, por las necesidades de empleo derivadas del crecimiento de las industrias.

Al tratarse de trabajadores no calificados, en condiciones de vulnerabilidad social, económica y jurídica, y, pertenecientes a un sistema sociocultural y lingüístico diferenciado, constituyen un sector “atractivo” para suplir esas necesidades de empleo.

Complementariamente, debido a los recursos culturales de esta población, sus habilidades para el trabajo agrícola son reconocidas como notables, particularmente en las labores de recolección del fruto del café,

La movilidad de los indígenas Ngäbe Buglé no constituye un hecho estrictamente “económico”; cada colectivo poblacional particular construye sus modos de vida de manera particular, a partir de patrones identitarios que interaccionan con los modos de vida de otros sujetos. El incremento de la presencia indígena en espacios en los que tradicionalmente se había ignorado su presencia les ha obligado a establecer estrategias de interacción con la alteridad. La ignorancia de esas estrategias conlleva, a su vez, a  desatender las condiciones y diversidad de factores bajo las cuales los pueblos indígenas están “explorando” los “territorios prohibidos” por las llamadas sociedades nacionales.

Dentro de sus respectivos procesos sociopolíticos y culturales, los indígenas Ngäbe y Buglé han desempeñado un papel preponderante, tanto en Panamá como en Costa Rica. Mientras en el primer país, los años noventa significaron la consecución de autonomía territorial y la creación de la Comarca; en el segundo país y también en esa década, encabezaron movimientos por el derecho a la ciudadanía, la cedulación y el reconocimiento de territorios propios.


Como si fuese poco, su disposición a integrarse en actividades económicas, a vivir y a movilizarse fuera de sus territorios, han logrado que su presencia haya sido notoria y transformadora. Si ya era difícil para los Estados y las sociedades nacionales bregar con los indígenas confinados en sus territorios, ¿cuánto más lo es tener su presencia en continua movilización y asentamiento en territorios “nuevos”? Considerando  que los factores indicados, promueven el establecimiento de nuevas formas de movilidad de los indígenas Ngäbe y  Buglé implicando la emergencia de interacciones interétnicas, económicas, jurídicas, políticas y sociales. 

CONOCIENDO LA REALIDAD: PORQUÉ MIGRAN LOS NGÄBES.

En la comarca Ngäbe-Buglé se registra un nivel de pobreza del 93.4% y pobreza extrema de 91.5%, lo que significa que de cada 100 indígenas de la Comarca 93 son pobres; y de este total 91 son extremadamente pobres, o sea que no abastecen sus necesidades básicas mínimas al año. En términos generales, la población de la Comarca sufre de desnutrición, situación que se evidencia principalmente en el 98% de los niños menores de 5 años. La falta de higiene se manifiesta en la población indígena en términos dramáticos, ya que las muertes por diarrea se elevan a 32 por 10 mil habitantes menores de 5 años, mientras que el promedio nacional es de 6.4 por 10 mil habitantes menores de 5 años. La estrategia de desarrollo de la Comarca se plantea sobre la base del mejoramiento de la calidad de vida de su población, combatiendo los principales flagelos que la golpean: la desnutrición y el deterioro de la salud. La formación de capital humano permitirá que generen sus propios ingresos y empleos, siendo vital el fortalecimiento de la institucionalidad comarcal y de la organización social que afecta la gobernabilidad. Se entiende que es difícil, por las condiciones de dispersión, problemas de salud, débil economía, incapacidad de emprendimiento, falta de apoyo institucional y otros, lograr una estrategia que impacte a toda la población desde el primer instante, por lo que las acciones deben tener un avance gradual, concatenando estrategias en las cuales su sumativa final sea el desarrollo de la Comarca. Esta guía busca poner un granito de arena para sensibilizar al personal de salud sobre el respeto a los “otros” y de esa forma, en conjunto, mejorar la calidad de salud y de vida de los ngäbes - buglés de nuestro país.

LA MIGRACION NGÄBE A COSTA RICA: UNA REALIDAD CRECIENTE
La movilidad de indígenas Ngäbe y Buglé (asentados en Panamá), hacia regiones cafetaleras de Costa Rica, se ha establecido como algo regular, frecuente y constante. 


Desde entonces, la movilidad de indígenas Ngäbe y Buglé, asentados en Panamá, a territorios costarricenses, mantiene al menos tres modalidades concomitantes: la permanente (que implica establecimiento y arraigo al territorio “nuevo”), la estacional (que consiste en la movilidad por períodos de cosecha) y la pendular (que implica un ir y venir diario o semanal de los sitios de habitación a los sitios de trabajo).

JUSTIFICACIÓN DE LA GUÍA

 A partir de los dos talleres que realizamos y a las reuniones donde estuvimos participando, entendimos que esta guía tenía que tener una secuencia lógica para su estructura y entendimiento, por esta razón la discusión y análisis con los participantes nos dieron las herramientas necesarias para la estructura del documento final de una manera coherente, que inicie con el por qué los empleados gubernamentales que tienen que ver con el proceso migratorio y el derecho a la seguridad social, debe entender la importancia del concepto de cultura como proceso de construcción, desconstrucción y reconstrucción permanente del hecho social, pero, además, de que no existe un ideal cultural ni mucho menos una cultura superior a otra; todo lo contrario, que existen tantas culturas como realidades sociales.
De esta discusión surge el que nos lleva inequívocamente a la discusión de estados multiculturales, donde existe toda una dinámica ‘intercultural’, donde lo que interesa es que los empleados gubernamentales entienda que la dinámica cultural no es aislada, por el contrario, interactúa con otras realidades culturales donde pasan procesos de adopción y adaptación cultural.

Esto es medular para entender solo una pequeña parte de una realidad que queremos mostrar y, esa realidad, es cómo entiende la población, su cosmovisión y vida.

Debemos reconocer y, sobre todo, entender que existen otros grupos humanos que conviven dentro del mismo Estado que no necesariamente piensan iguales a nosotros; pero que además, y es fundamental, los derechos que tienen estos grupos de que se les respete su cultura y que se les considere dentro de las distintas políticas públicas que estructura el Estado y, de esa forma, ser realmente un Estado multiétnico y por lo tanto intercultural. Es esta última disertación la que nos llevará a construir, desde una perspectiva intercultural y transversal, en género y derechos humanos.

Es sumamente importante que podamos concebir que toda política pública tiene que considerar la transversalidad de género para referirse a la responsabilidad de todos los grupos humanos en el avance de la igualdad entre mujeres y hombres. La transversalidad de género es la incorporación, la aplicación del principio de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en las políticas públicas, de modo que se garantice el acceso a todos los recursos en igualdad de condiciones y se planifiquen las políticas públicas teniendo en cuenta las desigualdades existentes.


 Igualmente, no podemos descuidar que toda política pública refuerce los derechos humanos de las poblaciones, la cual contiene una intención: él o la migrante pueda aprender la importancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, asumiendo que como personas tienen derechos a que se respete su cultura y su cosmovisión. De esta forma, él o la migrante puede llegar a entender más fácilmente que el respeto de los derechos humanos tiene que ser un compromiso permanente por parte de todos los ciudadanos y actores involucrados.

COMPETENCIAS ESPERADAS

Entender la utilidad del enfoque intercultural en el proceso migratorio: enriquecimiento mutuo, escucha mutua.

Reconocer los distintos modelos de gestión, organización y prestación de los servicios de migración y seguridad social y humana al grupo Ngäbe, que respondan a las prácticas, percepciones y representaciones que cada pueblo tiene en torno de su cosmovisión, en especial el del pueblo Ngäbe.

Lograr que la población participe en la adecuación de los servicios, fortaleciendo un sistema de atención al migrante para mejorar la calidad, la accesibilidad y la satisfacción de la población.


Reconocer y respetar el sistema de atención de salud como derecho cultural de los pueblos.

DESCRIPCIÓN




Los materiales que se esbozan en esta guía son el productos de nuestra  participación en talleres que se realizaron con el personal docente de la Facultad de Enfermería de la UNACHI y líderes comunitarios de la comarca NgäbeBuglé, de reuniones de trabajo y talleres de sensibilización con instituciones gubernamentales que tienen que ver con la migración de los Ngäbes a Costa rica por la cosecha del café.

La documentación aquí esbozada  es un aporte de nuestra experiencia en la elaboración de un documento denominado Guía en Salud Intercultural y Derechos Humanos, la cual se estructuró en sesiones de trabajo con actores claves, tanto de la Comarca Ngäbes como personal de Salud y de la Universidad Autónoma de Chiriquí (UNACHI), igualmente esta documentación fue validada a través de talleres, por lo que la información que se suministra no son inéditas, ni mucho menos nuestra. Se utilizaron bibliográficas, estudios, artículos de lo que ya extensamente se ha escrito sobre: culturas, interculturalidad, salud intercultural, parto y los temas de género y derechos y humanos como ejes transversales.


Lo que deseamos es que sea de utilidad para todos los que tienen que ver con el proceso migratorio de la población Ngäbe al  país vecino de Costa Rica por la cosecha del café y, en particular, para quienes trabajan en áreas de difícil acceso, donde el ‘otro’ no necesariamente es igual a ‘el nosotros’ y se hace necesario entender que esa cosmovisión distinta hay que respetarla y aplicarla. Por lo tanto esta guía debe ser un manual de concienciación y empoderamiento hacia modelos de salud intercultural.