lunes, 14 de noviembre de 2016

LA RUTA

La movilidad desde la comarca en Panamá se instituye bajo la informalidad; esta puede iniciarse al menos de dos maneras: a través del uso de las redes de apoyo, mediante referencia de algún familiar o conocido que haya viajado a Costa Rica o, a través de los mecanismos de enganche laboral, cuando un “encargado” que también conoce la dinámica, se encarga del trayecto por encomienda de un finquero en Costa Rica, que hace el reclutamiento. En el primer caso, se menciona, por parte de los trabajadores, que alguna persona cercana influye en su determinación por realizar el viaje en busca de oportunidades laborales. En el segundo, la figura del “encargado”, alguien que ya ha vivido la experiencia, y que establece una negociación con los cafetaleros, procura formar un grupo con personas dispuestas a realizar el viaje.

Dependiendo de cuál sea la modalidad del viaje, este puede efectuarse de distintas formas. Cuando es “por referencia”, la travesía puede realizarse en solitario, en pequeños grupos, o en familia  y, generalmente, por medios propios (con recursos económicos limitados, en autobús público).

Cuando hay un “encargado” de por medio, la movilidad puede efectuarse con algún nivel de financiamiento (por parte del cafetalero interesado) y en autobús contratado para llevar a los trabajadores desde la frontera hasta la finca y viceversa. Esta última modalidad podría significar un mayor estado de seguridad durante la travesía y también con relación a la posibilidad de encontrar trabajo, pero no reduce la informalidad.

El viaje individual, si bien existe, no es la forma más frecuente; lo común es llevar a cabo el viaje por parte del grupo familiar o grupos más amplios de una misma localidad. La travesía, cuando acontece desde el territorio comarcal y dependiendo de la comunidad de origen, se inicia con una caminata que puede tardar desde una hora hasta varios días. Esta se cumple hasta algún punto en donde se pueda abordar transporte público o, también, taxi colectivo.

Una de las caminatas más extensas la realizan los comunitarios de Kusapín, territorio peninsular al Este de la Laguna de Chiriquí (con una duración aproximada de 8-9 días). Las mujeres, niños y niñas, también emprenden el viaje en las mismas condiciones que sus pares varones, pero muchas veces expuestas.

También son comunes los casos en los cuales un grupo mayoritariamente familiar incluye personas sin vínculo de parentesco (por ejemplo: amigos, conocidos e, incluso, personas desconocidas que se suman al grupo durante el trayecto).

El primer trayecto del viaje tiene como finalidad arribar a algún centro urbano, para tomar un autobús hacia David o, en su lugar, a Changuinola y, posteriormente, hacia la frontera (para dirigirse a Río Sereno en el Sur o, a Sixaola en el Caribe de Costa Rica, respectivamente).

La mayoría  de  los trabajadores y las trabajadoras del café transitan el cruce fronterizo por Río Sereno y, por tanto, pasan cerca o por los territorios Ngäbe Buglé costarricenses, con los cuales no solo existen vínculos culturales sino también de consanguinidad.

El paso por la frontera costarricense-panameña, presenta algunas características y condiciones que conviene detallar. Lo más notorio es la débil percepción o la “artificialidad” del límite fronterizo para las personas Ngäbes. Eso se puede derivar de la figura de la frontera como algo extraño que puede implicar obligaciones, pero que aun así se considera ajena.

Una dificultad que enfrentan los indígenas en su paso por la frontera es la diferencia de horarios entre los dos países y, en consecuencia, eso a veces afecta a las personas pues al cruzar se pueden encontrar los despachos cerrados y “les toque dormir a la intemperie”, con las consecuentes dificultades para mujeres y personas menores de edad.

Siendo Río Sereno uno de los principales puntos de tránsito limítrofe, se considera que existe buena disposición de los funcionarios para ayudar al paso de los indígenas. Sin embargo, no en todos los lugares ni todos los funcionarios ofrecen ese “trato preferencial”.

Desde la óptica socio laboral, los flujos laborales de la población Ngäbe  y Buglé vienen a satisfacer las necesidades de actividades productivas agroindustriales que progresivamente han requerido de mano de obra que sustituya las “vacantes” dejadas por el “desplazamiento” laboral de población local o, por las necesidades de empleo derivadas del crecimiento de las industrias.

Al tratarse de trabajadores no calificados, en condiciones de vulnerabilidad social, económica y jurídica, y, pertenecientes a un sistema sociocultural y lingüístico diferenciado, constituyen un sector “atractivo” para suplir esas necesidades de empleo.

Complementariamente, debido a los recursos culturales de esta población, sus habilidades para el trabajo agrícola son reconocidas como notables, particularmente en las labores de recolección del fruto del café,

La movilidad de los indígenas Ngäbe Buglé no constituye un hecho estrictamente “económico”; cada colectivo poblacional particular construye sus modos de vida de manera particular, a partir de patrones identitarios que interaccionan con los modos de vida de otros sujetos. El incremento de la presencia indígena en espacios en los que tradicionalmente se había ignorado su presencia les ha obligado a establecer estrategias de interacción con la alteridad. La ignorancia de esas estrategias conlleva, a su vez, a  desatender las condiciones y diversidad de factores bajo las cuales los pueblos indígenas están “explorando” los “territorios prohibidos” por las llamadas sociedades nacionales.

Dentro de sus respectivos procesos sociopolíticos y culturales, los indígenas Ngäbe y Buglé han desempeñado un papel preponderante, tanto en Panamá como en Costa Rica. Mientras en el primer país, los años noventa significaron la consecución de autonomía territorial y la creación de la Comarca; en el segundo país y también en esa década, encabezaron movimientos por el derecho a la ciudadanía, la cedulación y el reconocimiento de territorios propios.


Como si fuese poco, su disposición a integrarse en actividades económicas, a vivir y a movilizarse fuera de sus territorios, han logrado que su presencia haya sido notoria y transformadora. Si ya era difícil para los Estados y las sociedades nacionales bregar con los indígenas confinados en sus territorios, ¿cuánto más lo es tener su presencia en continua movilización y asentamiento en territorios “nuevos”? Considerando  que los factores indicados, promueven el establecimiento de nuevas formas de movilidad de los indígenas Ngäbe y  Buglé implicando la emergencia de interacciones interétnicas, económicas, jurídicas, políticas y sociales. 

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