La movilidad desde la comarca en Panamá
se instituye bajo la informalidad; esta puede iniciarse al menos de dos
maneras: a través del uso de las redes de apoyo, mediante referencia de algún
familiar o conocido que haya viajado a Costa Rica o, a través de los mecanismos
de enganche laboral, cuando un “encargado” que también conoce la dinámica, se
encarga del trayecto por encomienda de un finquero en Costa Rica, que hace el
reclutamiento. En el primer caso, se menciona, por parte de los trabajadores,
que alguna persona cercana influye en su determinación por realizar el viaje en
busca de oportunidades laborales. En el segundo, la figura del “encargado”,
alguien que ya ha vivido la experiencia, y que establece una negociación con
los cafetaleros, procura formar un grupo con personas dispuestas a realizar el
viaje.
Dependiendo de cuál sea la modalidad del
viaje, este puede efectuarse de distintas formas. Cuando es “por referencia”,
la travesía puede realizarse en solitario, en pequeños grupos, o en
familia y, generalmente, por medios propios
(con recursos económicos limitados, en autobús público).
Cuando hay un “encargado” de por medio,
la movilidad puede efectuarse con algún nivel de financiamiento (por parte del
cafetalero interesado) y en autobús contratado para llevar a los trabajadores
desde la frontera hasta la finca y viceversa. Esta última modalidad podría
significar un mayor estado de seguridad durante la travesía y también con
relación a la posibilidad de encontrar trabajo, pero no reduce la informalidad.
El viaje individual, si bien existe, no
es la forma más frecuente; lo común es llevar a cabo el viaje por parte del
grupo familiar o grupos más amplios de una misma localidad. La travesía, cuando
acontece desde el territorio comarcal y dependiendo de la comunidad de origen,
se inicia con una caminata que puede tardar desde una hora hasta varios días.
Esta se cumple hasta algún punto en donde se pueda abordar transporte público
o, también, taxi colectivo.
Una de las caminatas más extensas la
realizan los comunitarios de Kusapín, territorio peninsular al Este de la
Laguna de Chiriquí (con una duración aproximada de 8-9 días). Las mujeres,
niños y niñas, también emprenden el viaje en las mismas condiciones que sus
pares varones, pero muchas veces expuestas.
También son comunes los casos en los
cuales un grupo mayoritariamente familiar incluye personas sin vínculo de
parentesco (por ejemplo: amigos, conocidos e, incluso, personas desconocidas
que se suman al grupo durante el trayecto).
El primer trayecto del viaje tiene como
finalidad arribar a algún centro urbano, para tomar un autobús hacia David o,
en su lugar, a Changuinola y, posteriormente, hacia la frontera (para dirigirse
a Río Sereno en el Sur o, a Sixaola en el Caribe de Costa Rica,
respectivamente).
La mayoría de los
trabajadores y las trabajadoras del café transitan el cruce fronterizo por Río
Sereno y, por tanto, pasan cerca o por los territorios Ngäbe Buglé
costarricenses, con los cuales no solo existen vínculos culturales sino también
de consanguinidad.
El paso por la frontera
costarricense-panameña, presenta algunas características y condiciones que
conviene detallar. Lo más notorio es la débil percepción o la “artificialidad”
del límite fronterizo para las personas Ngäbes. Eso se puede derivar de la
figura de la frontera como algo extraño que puede implicar obligaciones, pero
que aun así se considera ajena.
Una dificultad que enfrentan los
indígenas en su paso por la frontera es la diferencia de horarios entre los dos
países y, en consecuencia, eso a veces afecta a las personas pues al cruzar se pueden
encontrar los despachos cerrados y “les toque dormir a la intemperie”, con las
consecuentes dificultades para mujeres y personas menores de edad.
Siendo Río Sereno uno de los principales
puntos de tránsito limítrofe, se considera que existe buena disposición de los
funcionarios para ayudar al paso de los indígenas. Sin embargo, no en todos los
lugares ni todos los funcionarios ofrecen ese “trato preferencial”.
Desde la óptica socio laboral, los
flujos laborales de la población Ngäbe y
Buglé vienen a satisfacer las necesidades de actividades productivas
agroindustriales que progresivamente han requerido de mano de obra que
sustituya las “vacantes” dejadas por el “desplazamiento” laboral de población
local o, por las necesidades de empleo derivadas del crecimiento de las
industrias.
Al tratarse de trabajadores no
calificados, en condiciones de vulnerabilidad social, económica y jurídica, y,
pertenecientes a un sistema sociocultural y lingüístico diferenciado,
constituyen un sector “atractivo” para suplir esas necesidades de empleo.
Complementariamente, debido a los
recursos culturales de esta población, sus habilidades para el trabajo agrícola
son reconocidas como notables, particularmente en las labores de recolección
del fruto del café,
La movilidad de los indígenas Ngäbe
Buglé no constituye un hecho estrictamente “económico”; cada colectivo
poblacional particular construye sus modos de vida de manera particular, a
partir de patrones identitarios que interaccionan con los modos de vida de otros
sujetos. El incremento de la presencia indígena en espacios en los que
tradicionalmente se había ignorado su presencia les ha obligado a establecer
estrategias de interacción con la alteridad. La ignorancia de esas estrategias
conlleva, a su vez, a desatender las
condiciones y diversidad de factores bajo las cuales los pueblos indígenas
están “explorando” los “territorios prohibidos” por las llamadas sociedades
nacionales.
Dentro de sus respectivos procesos
sociopolíticos y culturales, los indígenas Ngäbe y Buglé han desempeñado un
papel preponderante, tanto en Panamá como en Costa Rica. Mientras en el primer
país, los años noventa significaron la consecución de autonomía territorial y
la creación de la Comarca; en el segundo país y también en esa década,
encabezaron movimientos por el derecho a la ciudadanía, la cedulación y el
reconocimiento de territorios propios.
Como si fuese poco, su disposición a
integrarse en actividades económicas, a vivir y a movilizarse fuera de sus
territorios, han logrado que su presencia haya sido notoria y transformadora.
Si ya era difícil para los Estados y las sociedades nacionales bregar con los
indígenas confinados en sus territorios, ¿cuánto más lo es tener su presencia
en continua movilización y asentamiento en territorios “nuevos”?
Considerando que los factores indicados,
promueven el establecimiento de nuevas formas de movilidad de los indígenas
Ngäbe y Buglé implicando la emergencia
de interacciones interétnicas, económicas, jurídicas, políticas y sociales.
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