Se ha venido aludiendo a diversas
situaciones y problemas que corresponden, también directamente, a la dimensión
productiva-laboral que afectan las condiciones de trabajo y el disfrute de los
derechos laborales por parte de estos trabajadores y trabajadoras. Su análisis
deviene con el propósito de indagar los posibles escenarios para una acción más
efectiva por parte de las instituciones estatales, involucradas en la gestión
laboral, migratoria, social y cultural de la población indígena móvil.
Los indígenas otorgan primacía al hecho
de que el trabajo en la recolección de café es mucho más “suave” que el trabajo
de peón que, además, se cumple con muy mala o pésima paga. El trabajo en
bananeras, aunque en un contexto adverso (dadas la rudeza y los peligros del
oficio, situaciones del maltrato a los trabajadores y la intransigencia de los
capataces, según el testimonio de los trabajadores), cuenta con la “ventaja” de
ser un trabajo remunerado y de contar con el debido emplanillamiento de los
trabajadores y trabajadoras en el Seguro Social.
El trabajo del café lo realizan Hombres, mujeres y niños, recolectando el fruto maduro de café en una
jornada de 8 a 10 horas diarias. No obstante, en el ejercicio de labores cotidianas
se presentan situaciones “extremas, pero que son comunes en esos contextos de
trabajo”. Estas situaciones límite también llevan a entender que la realidad
cotidiana del trabajo para esta población ofrece condiciones muy precarias y de
algún nivel de riesgo. Estas circunstancias, en su condición más extrema,
pueden ser:
En el café... Los patronos o capataces
de finca no brindan las condiciones requeridas para el trabajo de grupos
familiares (falta de sitios seguros o guarderías para los niños de muy corta
edad).
Los trabajadores están sometidos a
accidentes (por picaduras de insectos y de serpientes, por falta de implementos
como botas de hule y otros); enfermedades (por falta de servicios sanitarios,
acceso a agua potable y otros).
Las condiciones de habitación facilitadas
por empleadores son pésimas, precarias y carentes de las condiciones mínimas de
la dignidad humana (esto ha mejorado).
Pero desfavorece severamente el descanso, el esparcimiento y la
convivencia familiar.
La relación entre trabajadores y empleadores
es hostil, sumamente pobre o inexistente; la distancia física se traduce en
distancia interpersonal. Usualmente se da la mediación de capataces o
administradores y muchas veces no hay espacio de diálogo alguno.
En general, pese a que los trabajadores
indígenas tienden a estar comprometidos con sus labores (y que para propósitos
de los productores resulta provechoso, dado el buen trato que los indígenas dan
a las plantas y a los cultivos), a veces la retribución de su esfuerzo no se
traduce en “buen trato”, sino en “mal trato”. Esto probablemente guarda
relación con los prejuicios étnicos y raciales contra los indígenas aunque,
indudablemente, a veces también tiene visos de evidente irrespeto a los
derechos laborales a la luz del artículo 31 del Convenio Núm. 169 de la OIT.
La contratación y el acuerdo
laboral
La legislación internacional y el Código
de Trabajo establecen que un contrato también puede convenirse por un acuerdo
verbal, sin detrimento de su validez. Sin embargo, un sector de los cafetaleros
en Costa Rica aduce que los trabajadores cambian los términos de sus acuerdos
contractuales a voluntad, en detrimento del pacto original y de los derechos de
sus contrapartes.
Aunque también los indígenas señalan que
ellos no tienen posibilidades reales de romper el contrato, sobre todo cuando
ya vienen enganchados, o cuando están sometidos a métodos de pago que los atan
a la finca o dependen de los finqueros para la obtención de albergue. Lo cierto
es que subsiste, en la relación laboral en torno al café, una ambigüedad en
torno a los extremos reales del acuerdo entre finqueros y trabajadores; su
persistencia amenaza la paz en las relaciones de trabajo y tiende a
constituirse en un conflicto de mayor calado en las zonas cafetaleras.
En términos relativos, la dimensión
laboral en el mercado de trabajo del banano es menos informal que en el caso
del café. Algunas características del acuerdo contractual, tanto en el sector
cafetalero como en el bananero, son:
• En el café no hay posibilidad de aseguramiento
para hombres ni para mujeres.
• Los patronos, en ambos sectores, se
reservan el derecho de prescindir de los servicios de los trabajadores a
voluntad y sin justificación.
• No hay registro o testigos del
acuerdo, en ningún caso, lo cual hace imposible cualquier reclamo por su
incumplimiento.
• Se dan despidos, incluso sin el pago
por el trabajo realizado. • No hay permisos de trabajo de por medio.
• En el café, generalmente incluye:
fijación de precio por cajuela, alojamiento y servicios básicos (agua y
corriente eléctrica). Los acuerdos se establecen entre los finqueros y los
varones; las mujeres no participan de la negociación ni de la decisión.
• Para “enganchar”, los patronos
prometen reparaciones y acondicionamiento de “baches”, pero no siempre se
cumplen. Las malas condiciones de la vivienda afectan a todo el grupo de
trabajadores, pero sobre todo a las mujeres, quienes se encargan de las
diversas tareas del hogar.
En el café, como se mencionó, no hay
emplanillamiento; Por ello ni los hombres, ni las mujeres, ni los niños y niñas
tienen acceso a los beneficios que derivan de la seguridad social en el
trabajo.
Los salarios o precios de las cajuelas y
las condiciones de habitación y otras facilidades son inferiores para los
indígenas, comparados con lo negociado con “nicas” y “ticos”. Las mujeres no
solo no negocian sino que tampoco reciben directamente el pago por el trabajo
por ellas cumplido.
En el café se puede trabajar hasta 10
horas diarias; todo sin pago de horas extra. Un aspecto de gran relevancia para
el análisis lo constituyen las condiciones de aseguramiento y formalización del
trabajo presente en la actividad económica en las que participan los indígenas.
Es destacable que, pese a que las ganancias promedio (por meses trabajados) en
la recolección cafetalera son superiores a los ingresos promedio en el trabajo
bananero, la formalización y el aseguramiento son comunes en el sector
bananero, mientras que en el sector cafetalero están, casi por completo,
ausentes.
El Código de Trabajo establece que para
trabajo en labores agrícolas, la jornada laboral es de 6 horas, que se
contabilizan como 8 horas. En el caso de la actividad cafetalera, si bien se
supone que no existe una relación laboral clásica, el horario se establece a
conveniencia entre el cafetalero y el recolector y tiene topes, al inicio
cuando comienza el día pues cuanto más temprano, más se recolecta, lo que
conviene a ambos, y al final, la hora de la “medida”, que es el momento en el
que el finquero tiene que recoger todo el café recolectado para entregarlo al
“recibidor”.
De esa suerte, la jornada puede
extenderse como mínimo seis horas y máximo ocho. No obstante, tal jornada no
está regulada y el número de horas que se trabaje estaría en función del
beneficio económico para el recolector de acuerdo con la cantidad de fruto
recolectado, pero en dependencia del tope establecido por el finquero para
medírselo y recibírselo fresco. Inclusive de la urgencia del finqueros, según
la maduración misma del grano.
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