lunes, 14 de noviembre de 2016

LA REALIDAD DEL MIGRANTE

Se ha venido aludiendo a diversas situaciones y problemas que corresponden, también directamente, a la dimensión productiva-laboral que afectan las condiciones de trabajo y el disfrute de los derechos laborales por parte de estos trabajadores y trabajadoras. Su análisis deviene con el propósito de indagar los posibles escenarios para una acción más efectiva por parte de las instituciones estatales, involucradas en la gestión laboral, migratoria, social y cultural de la población indígena móvil.

Los indígenas otorgan primacía al hecho de que el trabajo en la recolección de café es mucho más “suave” que el trabajo de peón que, además, se cumple con muy mala o pésima paga. El trabajo en bananeras, aunque en un contexto adverso (dadas la rudeza y los peligros del oficio, situaciones del maltrato a los trabajadores y la intransigencia de los capataces, según el testimonio de los trabajadores), cuenta con la “ventaja” de ser un trabajo remunerado y de contar con el debido emplanillamiento de los trabajadores y trabajadoras en el Seguro Social.

El trabajo del café lo realizan  Hombres, mujeres y niños,  recolectando el fruto maduro de café en una jornada de 8 a 10 horas diarias. No obstante, en el ejercicio de labores cotidianas se presentan situaciones “extremas, pero que son comunes en esos contextos de trabajo”. Estas situaciones límite también llevan a entender que la realidad cotidiana del trabajo para esta población ofrece condiciones muy precarias y de algún nivel de riesgo. Estas circunstancias, en su condición más extrema, pueden ser:

En el café... Los patronos o capataces de finca no brindan las condiciones requeridas para el trabajo de grupos familiares (falta de sitios seguros o guarderías para los niños de muy corta edad).

Los trabajadores están sometidos a accidentes (por picaduras de insectos y de serpientes, por falta de implementos como botas de hule y otros); enfermedades (por falta de servicios sanitarios, acceso a agua potable y otros).

Las condiciones de habitación facilitadas por empleadores son pésimas, precarias y carentes de las condiciones mínimas de la dignidad humana (esto ha mejorado).  Pero desfavorece severamente el descanso, el esparcimiento y la convivencia familiar.

La relación entre trabajadores y empleadores es hostil, sumamente pobre o inexistente; la distancia física se traduce en distancia interpersonal. Usualmente se da la mediación de capataces o administradores y muchas veces no hay espacio de diálogo alguno.

En general, pese a que los trabajadores indígenas tienden a estar comprometidos con sus labores (y que para propósitos de los productores resulta provechoso, dado el buen trato que los indígenas dan a las plantas y a los cultivos), a veces la retribución de su esfuerzo no se traduce en “buen trato”, sino en “mal trato”. Esto probablemente guarda relación con los prejuicios étnicos y raciales contra los indígenas aunque, indudablemente, a veces también tiene visos de evidente irrespeto a los derechos laborales a la luz del artículo 31 del Convenio Núm. 169 de la OIT.




La contratación y el acuerdo laboral
La legislación internacional y el Código de Trabajo establecen que un contrato también puede convenirse por un acuerdo verbal, sin detrimento de su validez. Sin embargo, un sector de los cafetaleros en Costa Rica aduce que los trabajadores cambian los términos de sus acuerdos contractuales a voluntad, en detrimento del pacto original y de los derechos de sus contrapartes.

Aunque también los indígenas señalan que ellos no tienen posibilidades reales de romper el contrato, sobre todo cuando ya vienen enganchados, o cuando están sometidos a métodos de pago que los atan a la finca o dependen de los finqueros para la obtención de albergue. Lo cierto es que subsiste, en la relación laboral en torno al café, una ambigüedad en torno a los extremos reales del acuerdo entre finqueros y trabajadores; su persistencia amenaza la paz en las relaciones de trabajo y tiende a constituirse en un conflicto de mayor calado en las zonas cafetaleras.

En términos relativos, la dimensión laboral en el mercado de trabajo del banano es menos informal que en el caso del café. Algunas características del acuerdo contractual, tanto en el sector cafetalero como en el bananero, son:
• En el café no hay posibilidad de aseguramiento para hombres ni para mujeres.
• Los patronos, en ambos sectores, se reservan el derecho de prescindir de los servicios de los trabajadores a voluntad y sin justificación.
• No hay registro o testigos del acuerdo, en ningún caso, lo cual hace imposible cualquier reclamo por su incumplimiento.
• Se dan despidos, incluso sin el pago por el trabajo realizado. • No hay permisos de trabajo de por medio.
• En el café, generalmente incluye: fijación de precio por cajuela, alojamiento y servicios básicos (agua y corriente eléctrica). Los acuerdos se establecen entre los finqueros y los varones; las mujeres no participan de la negociación ni de la decisión.
• Para “enganchar”, los patronos prometen reparaciones y acondicionamiento de “baches”, pero no siempre se cumplen. Las malas condiciones de la vivienda afectan a todo el grupo de trabajadores, pero sobre todo a las mujeres, quienes se encargan de las diversas tareas del hogar.

En el café, como se mencionó, no hay emplanillamiento; Por ello ni los hombres, ni las mujeres, ni los niños y niñas tienen acceso a los beneficios que derivan de la seguridad social en el trabajo.

Los salarios o precios de las cajuelas y las condiciones de habitación y otras facilidades son inferiores para los indígenas, comparados con lo negociado con “nicas” y “ticos”. Las mujeres no solo no negocian sino que tampoco reciben directamente el pago por el trabajo por ellas cumplido.

En el café se puede trabajar hasta 10 horas diarias; todo sin pago de horas extra. Un aspecto de gran relevancia para el análisis lo constituyen las condiciones de aseguramiento y formalización del trabajo presente en la actividad económica en las que participan los indígenas. Es destacable que, pese a que las ganancias promedio (por meses trabajados) en la recolección cafetalera son superiores a los ingresos promedio en el trabajo bananero, la formalización y el aseguramiento son comunes en el sector bananero, mientras que en el sector cafetalero están, casi por completo, ausentes.

El Código de Trabajo establece que para trabajo en labores agrícolas, la jornada laboral es de 6 horas, que se contabilizan como 8 horas. En el caso de la actividad cafetalera, si bien se supone que no existe una relación laboral clásica, el horario se establece a conveniencia entre el cafetalero y el recolector y tiene topes, al inicio cuando comienza el día pues cuanto más temprano, más se recolecta, lo que conviene a ambos, y al final, la hora de la “medida”, que es el momento en el que el finquero tiene que recoger todo el café recolectado para entregarlo al “recibidor”.


De esa suerte, la jornada puede extenderse como mínimo seis horas y máximo ocho. No obstante, tal jornada no está regulada y el número de horas que se trabaje estaría en función del beneficio económico para el recolector de acuerdo con la cantidad de fruto recolectado, pero en dependencia del tope establecido por el finquero para medírselo y recibírselo fresco. Inclusive de la urgencia del finqueros, según la maduración misma del grano. 

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